En efecto, que se vayan a la mierda, que mueran entre terribles sufrimientos y que ardan en el más caluroso infierno o se hielen en la más fría cumbre.
Que desaparezcan de la faz de la tierra todas aquellas personas que deciden jugar con el ser humano, a los que les permitimos ser titiriteros de sonrisas y cheques al portador, estafadores de promesas banas y futuros inexistentes que se permiten la licencia de jugar a la mentira encubierta.
Maldigo a todos y cada uno de los demonios que deciden utilizar la vulnerabilidad que la propia sociedad nos ha inculcado para aprovecharse del más débil de mente, corazón o cuerpo.
Y por ello, como he dicho al principio, les envío al infierno del que provienen.
Escuchando Edward Grieg por Apocalíptica las palabras bañadas en lágrimas salen mucho mejor, cambiaré esas lágrimas por espadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario