No es el que seas mío, el romper tus esquemas, el hacer que tiembles al verme doblar la esquina deseando volver a rozar mi pelo, eso no es lo que me eriza el vello de la nuca.
Lo que temo es el entregarme a ti, el perseguir tu sombra esquiva en cada madrugada. Lo que me da miedo es respirar sin ti, pero sólo poder gritar de alegría cuando estás conmigo, porque eres tú el que hace que cada momento sea una aventura.
Y aquí, esperándote, sólo siento miedo a lo que puedas hacer con mis esquemas, al sentimiento que me provoque verte doblar la esquina.