Fuera todos, que salga el mundo
no queda sitio en esta habitación
no quedan lágrimas sobre el colchón
el pestillo se astilló hace mucho.
Que salgan los rayos del sol
que huyan despavoridos por la ventana
fuera el aire corre fresco, y emana
del suspiro de un dios que ya murió.
He perdido mi manta protectora
la que cuida de los monstruos invisibles
la de la sensación de que no estás sola.
Y en una cama desnuda y dura
duerme un corazón despierto
que no encuentra la cordura.
miércoles, 22 de octubre de 2014
martes, 21 de octubre de 2014
Lágrimas de cocodrilo
En los pliegues de esta cama
llamada cruda realidad.
El que no llora no mama,
decia una voz popular
Y ahora mamamos todos,
mientras con la misma cantinela,
Vamos llorando al prógimo
lo que nos llena de pena.
Que duro ser descalza,
que duro el caminar
a gustito con el viento,
sin saber ya qué pensar.
De esta humanidad sin rumbo
que arremolinada en el azar,
reniega de todos aquellos
que deciden solos navegar.
llamada cruda realidad.
El que no llora no mama,
decia una voz popular
Y ahora mamamos todos,
mientras con la misma cantinela,
Vamos llorando al prógimo
lo que nos llena de pena.
Que duro ser descalza,
que duro el caminar
a gustito con el viento,
sin saber ya qué pensar.
De esta humanidad sin rumbo
que arremolinada en el azar,
reniega de todos aquellos
que deciden solos navegar.
miércoles, 8 de octubre de 2014
Pero en un colchón de muelles
Me gusta sentir el frío.
Me gusta de veras que se me erice el vello de los brazos y se seque la piel de mis mejillas.
Porque del frío nace el calor, y siempre tengo mi cama, dónde taparme con el edredón del sueño.
Donde todo es posible y encuentro el sofoco de unos abrazos sin nombre que esperan a que algún día salga de la comodidad de la horizontalidad mullida para entrar en un suave rozar cada mañana.
No tengo claro el color de tus ojos, lo que sé es que serán el reflejo de mi alma, el despertar de mis sentidos y el renacer de mi incierto futuro, del que no quiero saber nada, porque ahora no quiero ser nada,
más que el pasar de los minutos.
viernes, 3 de octubre de 2014
Amor reflejado
Hubo un tiempo atrás en el que las mareas enloquecían cada noche, en el que el mar embravecía al caer del sol, llevándose consigo todo lo que encontraba a su paso.
Las olas se enorgullecían de su poder, pretendiendo tocar los olivos, invadidas por una fuerza sobrenatural.
Fue entonces cuando el Sol, cansado de encontrar el caos cada mañana, de ver bañados de sal aquellos pequeños hierbajos que con tanto esfuerzo había ayudado a florecer, cansado de campos yermos y animales desesperados, comenzó a indagar desde el celeste horizonte qué pasaba cada noche cuando donaba sus dominios a la luna.
De esta forma, a lo lejos, en una noche de desvelo observó a su amante en la distancia, el mayor platónico amor correspondido a lo largo de los siglos.
La vio a aparecer con su blanca faz, sus cabellos de plata y sus ojos claros como el agua del arrollo.
La luna se miró en el gran espejo que se extendía a sus pies y comenzó a llorar amargamente lágrimas de pura sal, que al caer a las calmadas aguas comenzaron a despertar el gris océano, haciendo imposible que le respondiese su reflejo, encontrando en su lugar miles de fragmentos de su luz.
- ¿Por qué he de encontrarme sola cada noche, sin que tu calor de sentido a mis frías mejillas, sin que tus besos acaricien mis labios yermos? Sólo quiero encontrar un reflejo con el mío al contemplar el gran espejo que me persigue cada noche.
Y las aguas embravecieron, y volvieron a arrasar con todo a su paso.
- Ahora al menos mi reflejo se encuentra acompañado por algo que tiene de tu calor y de tu cariño. El reflejo con el reflejo, así debe ser.
Al contemplar esta triste escena, el Sol, roto de dolor por ver tanta tristeza en las pupilas amadas caviló una solución por 5 noches mientras restauraba sus creaciones durante el día.
Y en el sexto atardecer, haciendo acopio de todas sus fuerzas, fragmentó dolorosamente su alma en mil pedazos, pequeños cúmulos de luz y calor, dibujando formas en el cielo, para que la luna pudiese sentir la calidez de su alma en la distancia, para que nunca volviese a sentirse sola.
De esta forma, mientras la luna aprendía a sonreír, volvieron las aguas a su calma y las olas a su lugar. Se inundaron con luz de luna los campos rebosantes de vida y los amantes al amparo de su reflejo para tocar los labios amados.
Es asi como el Sol dona su alma a la noche, quedando un cascarón sonriente y cálido para acompañar al mundo cada mañana. Y es asi cómo estos amantes estarán juntos en la distancia para siempre.
Las olas se enorgullecían de su poder, pretendiendo tocar los olivos, invadidas por una fuerza sobrenatural.
Fue entonces cuando el Sol, cansado de encontrar el caos cada mañana, de ver bañados de sal aquellos pequeños hierbajos que con tanto esfuerzo había ayudado a florecer, cansado de campos yermos y animales desesperados, comenzó a indagar desde el celeste horizonte qué pasaba cada noche cuando donaba sus dominios a la luna.
De esta forma, a lo lejos, en una noche de desvelo observó a su amante en la distancia, el mayor platónico amor correspondido a lo largo de los siglos.
La vio a aparecer con su blanca faz, sus cabellos de plata y sus ojos claros como el agua del arrollo.
La luna se miró en el gran espejo que se extendía a sus pies y comenzó a llorar amargamente lágrimas de pura sal, que al caer a las calmadas aguas comenzaron a despertar el gris océano, haciendo imposible que le respondiese su reflejo, encontrando en su lugar miles de fragmentos de su luz.
- ¿Por qué he de encontrarme sola cada noche, sin que tu calor de sentido a mis frías mejillas, sin que tus besos acaricien mis labios yermos? Sólo quiero encontrar un reflejo con el mío al contemplar el gran espejo que me persigue cada noche.
Y las aguas embravecieron, y volvieron a arrasar con todo a su paso.
- Ahora al menos mi reflejo se encuentra acompañado por algo que tiene de tu calor y de tu cariño. El reflejo con el reflejo, así debe ser.
Al contemplar esta triste escena, el Sol, roto de dolor por ver tanta tristeza en las pupilas amadas caviló una solución por 5 noches mientras restauraba sus creaciones durante el día.
Y en el sexto atardecer, haciendo acopio de todas sus fuerzas, fragmentó dolorosamente su alma en mil pedazos, pequeños cúmulos de luz y calor, dibujando formas en el cielo, para que la luna pudiese sentir la calidez de su alma en la distancia, para que nunca volviese a sentirse sola.
De esta forma, mientras la luna aprendía a sonreír, volvieron las aguas a su calma y las olas a su lugar. Se inundaron con luz de luna los campos rebosantes de vida y los amantes al amparo de su reflejo para tocar los labios amados.
Es asi como el Sol dona su alma a la noche, quedando un cascarón sonriente y cálido para acompañar al mundo cada mañana. Y es asi cómo estos amantes estarán juntos en la distancia para siempre.
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