miércoles, 28 de noviembre de 2012

Taquicardias.

Laten mis manos temblorosas, ante el inminente final que preceden los compases de locura que ha tejido mi mente enferma.

No son compases de locura de amor, no, son compases de locura, asecas, porque os aseguro que ahora mismo, estoy loca.

Ha enloquecido mi alma al entender que jamás va a conseguir lo que anhela de manos de quien pretendía conseguirlo todo, al encontrar más lágrimas vacías en todo aquello que creyó lleno de sentido.
Y se han reído de ella los demonios de mi conocimiento, escupiendo la sangre que un día corrió por  mis venas, derramando las lágrimas acumuladas en beneficio de nadie.

Y no hacen más que preguntar gritando, enfatizando la repulsión que sienten por mi desgarrada existencia en cada sílaba.

-¿Volarás lejos palomita? ¿Tendrás la valentía de extender tus alas?

Creo que tengo pocas opciones. Volar, o caer al vacío.

Y el suelo se aproxima en un sueño en espiral.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Sé que ha llegado el momento de crecer.

Quizá sea tarde para dar el paso y comenzar a  ver el mundo lejos de las perspectiva de una pequeña infante soñadora, que se sube a los árboles porque quiere llegar a ver China, cuya espada es un trozo de caña, que quiere llegar a tener el pelo tan largo como Rapunzel, para poder usarlo de cuerda para subir los muros que se interpongan en mi camino.

Ahora crezco, ya sé dónde está China, sé que por muy alto que sea el árbol que escale, por mucho que arriesgue subiendo a las ramas más altas, jamás podré verla desde mi situación geográfica.

Ahora sé que aunque la caña sea la más larga que he visto jamás, no va a poder detener las balas que se adentran certeras en mi cuerpo, sé que no puedo defenderme con una simple caña arrancada del borde del camino, porque el camino en sí y los que andan a mi alrededor van a romperla en mil añicos con tan sólo un gesto.

Y me he cortado el pelo, jamás podrá ser tan largo como el de Rapunzel, además, sería asqueroso tener el pelo todo el día arrastrando por el suelo. Eso es lo que diría una persona mayor ¿no?


Y me cuesta, aunque sepa que tengo que cambiar, que tengo que crecer, y que nada es tan simple como lo ven mis ojos de niña.

Necesito alguien que me suene los mocos, y que me seque las lágrimas mientras me dice lo mucho que me quiere, que todo va a ir a mejor, y que lo que tengo que hacer es no volver a caerme, mientras me limpia mis heridas con agua oxigenada y mercromina de la roja, de la que mancha todo a su paso.

Pero ahora soy mayor, las heridas se acumulan, y sólo puedo curarlas con alcohol del que pica, del que te hace apretar los dientes, porque ya no lloras, ya no, ahora eres fuerte, eres grande como siempre soñaste ser.

Es curioso que ahora sólo sueñe con volver a ser una niña.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Electrical storm

Una tormenta eléctrica, eso se produce cuando consigo sentir tu tacto bajo mis dedos nerviosos, tiemblan mis manos mientras intento darte todo lo que te mereces, puesto que no soy una experta en este arte.

No, realmente no sé nada sobre este arte.

Tímida aparece mi sonrisa, cuando, poco a poco comienzan a moverse mis manos, a veces a un ritmo delirante, otras suaves como la seda, lentas en una balada sin final, o firmes y decididas en un momento de furia transparente.

Y es que eres tú, y sólo tú, el que consigue hacer de actos mis sentimientos, dándome todo el tiempo del mundo, todo el amplio espectro de formas y razones, para dar rienda suelta a mi alma y desnudarme el corazón.

Y llega el momento de bajar el telón, de separar las manos con todo el esfuerzo que me permiten mis inútiles y mundanos huesos, para dejar acabada la melodía y volver al mundo al que pertenecen mis zapatos.

Dejar atrás el tacto frío de tus teclas y la electricidad que mana del vibrar de tus cuerdas.

¿Es raro tener tan personificado a un piano?

Bate tus alas


Cariño, ante todo eres hermosa, la más hermosa de las criaturas que pueblan este desdentado planeta lleno de arrugas de sufrimiento.
Eres una sonrisa en una fría mañana de invierno, cálida como esos rayos de sol que se perdieron en el camino, una brisa de aire fresco en esas tardes de verano, el calor asfixiante queda escondido tras tu reluciente mirada, esos ojos que brillan iluminando un poco la oscuridad que te rodea.

Porque eres hermosa, pequeña libélula, aunque permanezcas aún en tu crisálida, asustada de desplegar tus alas y mostrarte al mundo, vales mucho, y muchísimo más que muchos que piensan que sus  huellas son de oro y sus palabras de plata líquida.

No te atrevas a girar la vista, cuando ves tu reflejo en las aguas cristalinas de este río que recorres, porque lo que ves, es lo mejor que podrías encontrar.

Y llegará, por supuesto que llegará, ese fiel compañero que te desnude en alma en cada atardecer, que te preste sus alas para que puedas volar más alto, que te arrope cada mañana fría y cada noche oscura en la que pierdas tu brillante luna.
Y con él recorreras el río, para llegar sonriente y reluciente al mar que nos espera a todos, sobrevolando tranquila la orilla, para acabar pereciendo en una ola con espuma de plata.

Por eso despierta, sal de tu crisálida y sacude los restos de vida antigua, muerta sobre tus hombros, para comenzar a crecer con una nueva piel brillante, reflejando los rayos de sol que acarician tus sentidos al viajar.

Porque cariño, ante todo eres hermosa, la más hermosa de todas.

Su barbilla, a la altura de tus ojos.

La cabeza alta, bien alta, que toquen el cielo los rebeldes pelos de su flequillo.

Mientras mandan a todo lo que hay a su alrededor a tomar viento fresco, hablando mal y rápido, a tomar por culo.

Se ha cansado de esperar de todo y de todos, y de seguir siendo una pobre soñadora a lomos de un burro cojo y desnutrido.

Pues bien, ha dejado en el camino a su fiel compañero, le ha llegado la hora de morir, ha puesto los pies sobre el suelo para notar lo áspero del camino.
Ha girado la vista atrás, gran error, pues ha visto que jamás importó en aquellas decisiones en las que si importaron. Ha vuelto la vista de nuevo, para encontrarse con el camino que le queda por recorrer, oscuro y lleno de espinos.

Pueden llamarla loca, pero le ha encantado esa visión, porque ahora no siente miedo, ahora le gusta pensar que sólo ella puede cambiar este paisaje desolado, no va a esperar a que plantéis semillas en los campos yermos, o a que las reguéis con paciencia, de eso nada.

Va a llenar de flores el camino y a sacar el sol a martillazos si es necesario.

Será feliz, por y para ella.

Porque todos los demás solo son entes secundarios, o eso le ha enseñado la marchita experiencia.