Y mientras se suceden las canciones de una lista aleatoria, con los éxitos más escuchados por los modernos del momento, mi cabeza se hace cada vez más pesada, y mi endereza más quebradiza y torcida, como aquel árbol conquistado por el musgo, muerto por el desgaste, del cual se rompen las ramas ante el más mínio estímulo físico.
Levanto la vista al cielo, buscando refugio en tu norte, y el firmamento me devuelve sonriente una osa mayor oscura, que se camufla con el resto del universo.
Las lágrimas escapan de mis ojos, inventando una via lácteaque me guía hacia ninguna parte, hacia esa seguridad que no me corresponde, ese disfraz que me pongo cada mañana.
Todo para darme cuenta de que sin tí estoy vacía.
Y de que tendré que aprender a pintar mi cascarón.
sábado, 23 de febrero de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
Con los alveolos a medio camino.
Hoy he subido más alto, he llegado hasta dónde nunca pensé que podrían llevarme mis torpes piernas, he visto las nubes bajo mis pies, rodeándome un mar de agua en proceso de condensación, ahora os puedo decir que las nubes no saben a nada, pero que te refrescan y te despejan el alma de todas esas cargas que te da el día a día.
Hoy he crecido, en un momento, quizá por la falta de oxígeno mezclado con las recientes palabras de un gran filósofo, que me han sido transmitidas en papel y tinta, como debe ser.
Hoy, el ''último hombre'' ha aparecido allí, al borde del precipicio, comentando sosegado, que no merece tanto esfuerzo llegar a la cima, podría ver las mismas imágenes que contempla mi rostro quemado por el sol en la tranquilidad de mi sofá, con mi portátil, música agradable y una manta para protegerme del frío.
Y también he encontrado al ''super hombre'' encalomado a la mayor e inaccesible cima, radiante, fuerte y lleno de júbilo, instándome a subir, a no abandonar nunca, a ser yo mi propia deidad, y a saber que puedo crear lo que quiera. Me ha gritado que viva, que sueñe, que mire, observe, calle, hable y, sobre todo, aprenda.
Me ha instado a volver a ser una niña. A dejar de crecer en la carrera del ''último hombre'' que precisa de venenos para hacer su camino agradable, que necesita siempre la seguridad y el calor para poder sentirse vivo. A salirme de todos los cánones, a romper todo lo que se espera, a darle rienda suelta a la decadencia y la cadencia perfecta, a rozar la atonalidad mientras compongo clasicismo con el otro hemisferio cerebral.
A sentir, a sentirlo todo.
En el miedo, en el dolor, lo mejor de mi alma.
Y antes de bajar, con el corazón henchido de júbilo y las piernas rebosantes de nueva energía, he empujado a ese hombre vacío que ya no vive. No para darle muerte, sino para que, en el último dolor, pueda comenzar a existir.
Hoy he crecido, en un momento, quizá por la falta de oxígeno mezclado con las recientes palabras de un gran filósofo, que me han sido transmitidas en papel y tinta, como debe ser.
Hoy, el ''último hombre'' ha aparecido allí, al borde del precipicio, comentando sosegado, que no merece tanto esfuerzo llegar a la cima, podría ver las mismas imágenes que contempla mi rostro quemado por el sol en la tranquilidad de mi sofá, con mi portátil, música agradable y una manta para protegerme del frío.
Y también he encontrado al ''super hombre'' encalomado a la mayor e inaccesible cima, radiante, fuerte y lleno de júbilo, instándome a subir, a no abandonar nunca, a ser yo mi propia deidad, y a saber que puedo crear lo que quiera. Me ha gritado que viva, que sueñe, que mire, observe, calle, hable y, sobre todo, aprenda.
Me ha instado a volver a ser una niña. A dejar de crecer en la carrera del ''último hombre'' que precisa de venenos para hacer su camino agradable, que necesita siempre la seguridad y el calor para poder sentirse vivo. A salirme de todos los cánones, a romper todo lo que se espera, a darle rienda suelta a la decadencia y la cadencia perfecta, a rozar la atonalidad mientras compongo clasicismo con el otro hemisferio cerebral.
A sentir, a sentirlo todo.
En el miedo, en el dolor, lo mejor de mi alma.
Y antes de bajar, con el corazón henchido de júbilo y las piernas rebosantes de nueva energía, he empujado a ese hombre vacío que ya no vive. No para darle muerte, sino para que, en el último dolor, pueda comenzar a existir.
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