Y mientras se suceden las canciones de una lista aleatoria, con los éxitos más escuchados por los modernos del momento, mi cabeza se hace cada vez más pesada, y mi endereza más quebradiza y torcida, como aquel árbol conquistado por el musgo, muerto por el desgaste, del cual se rompen las ramas ante el más mínio estímulo físico.
Levanto la vista al cielo, buscando refugio en tu norte, y el firmamento me devuelve sonriente una osa mayor oscura, que se camufla con el resto del universo.
Las lágrimas escapan de mis ojos, inventando una via lácteaque me guía hacia ninguna parte, hacia esa seguridad que no me corresponde, ese disfraz que me pongo cada mañana.
Todo para darme cuenta de que sin tí estoy vacía.
Y de que tendré que aprender a pintar mi cascarón.
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