Eso es lo que necesitamos.
Yo, más humilde o más altiva, prefiero pertenecer al aire, soñar con ese mar que ansío y escuchar las olas en la caracola de mis recuerdos. Pertenezco a la mejor tierra, al más fértil valle.
Me pertenezco.
Todo lo que soy, y todo lo que tengo, no me lo debo sólo a mí, por supuesto, pero os mentiría si dijese que no me tengo que dar las gracias y a la par una reprimenda por ser la que deja mis huellas al caminar. Me pertenecen mis errores, mis fracasos y mis triunfos y mis logros, porque todos juntos sirven para aprender.
Despertar cada mañana sin añorar demasiado y sin coger demasiado cariño a lo que tengo, pues todo cambia a mi al rededor, yo cambio, tú cambias y él cambiará... pero seguirá siendo mi piel la que habito y seguirán siendo mis sentidos los que perciben todo lo que me rodea, con ansias, esperando encontrar algo mágico que me inste a no olvidar jamás estos árboles, ese mar, esos ojos y aquellos labios.
Siempre mía.