Reflexiones a la luz de un flexo que no alumbra lo suficiente a mis ideas en decadencia, sentimientos y pensamientos que se agolpan bajo un pecho en el que no hay cabida para que un corazón lata de forma saludable.
Ríos tóxicos se adentran en mis entrañas, resultados de pócimas venenosas cocinadas bajo conjuros en mi materia gris, mis esfuerzos por mantenerme a flote se hunden al topar con la punta del iceberg, para demostrarme que debajo de ese pequeño islote de hielo se encuentra toda una montaña que huele a muerte salada.
Y realmente me cuestiono, entre otras cosas incuestionables, ¿realmente merezco algo de lo que pido?
Siempre he deseado ser una persona honorable, rodeada de la gente a la que quiero, poder hacerlas felices y que ello me haga sentir el corazón henchido de alegría, pero ahora miro hacia mis adentros y sólo encuentro el frío de aquellas personas que por cuestionar se cuestionan hasta cada suspiro.
Y no puedo evitar salir de mi cuerpo, volar, y verme de frente, reaccionando a todo lo que se mueve o deja de moverse a mi alrededor.
Salir del son de mis latidos y ver a mi compañero, a mi padre, como una persona extraña, analizando cada uno de sus movimientos, para así poder intentar saber si causan algún tipo de reacción en mi sistema nervioso.
Creo que soy de esas personas, que necesitan escalofríos a diario...
...para no sentirse muertas en vida.