lunes, 31 de enero de 2011
Geishas de occidente
Visten con kimonos ajustados y pesados, lo que las obliga a sentarse rectas y estiliza su figura.
Además utilizan unas sandalias de plataforma altísimas y curvadas en las puntas, muy difíciles de llevar, lo que les obliga conjunto con lo ajustado de los vestidos, a dar pasos muy pequeños.
Seguramente para casi todas las personas de esta parte del mundo, esa parafernalia, esa forma de maquillarse y ser lo que no se es serán, cuanto menos, curiosas.
...
Mentira.
Cada día, cuando salgo a la calle, no veo otra cosa que hombres y mujeres disfrazados de Geishas, con sus mascaras blancas sobre el rostro, sobre una sonrisa o una lágrima.
Con sus ajustados kimonos para aparentar seguridad y endereza.
Con sus grandes plataformas, dando pequeños pasos, procurando no precipitarse a tocar el suelo sin antes estar seguros de que esta totalmente limpio y mullido.
¿En que os diferenciáis ahora?
Sea por lo que sea, todos los Geishas del "mundo occidental" sois comparables a lo que seguro definiréis como una cultura retrograda y anticuada, antinatural o, incluso, grotesca.
¿La única diferencia?
Con la finalidad de seducir sutilmente a los hombres, ellas dejan sin maquillar una zona justo debajo de la nuca, un trozo de piel que siente, lo cual demuestra que debajo de esa cara de muñeca hay una mujer
Y vosotros solo os empeñáis en cargar aun más vuestro rostro con capas de porcelana.
domingo, 30 de enero de 2011
¿No veis las luciérnagas?
Una vez, en uno de los rincones de mi almohada, en esas noches en las que no sabes cuantas vueltas dar para que Morfeo venga a arroparte, me encontré un señor mayor, con la barba y el pelo largos y blancos como la nieve, miraba hacia el infinito con ojos negros azabache y una sonrisa bondadosa en los labios.
- ¿No son hermosas las luciérnagas cuando danzan a tu alrededor?
Miré en mi habitación, pero lo más parecido a una luciérnaga que encontré fue un mosquito traicionero que daba vueltas en el techo.
Pensé que el hombre podía estar loco, ser un demente que ve un mundo deformado a su alrededor, así que decidí seguirle la corriente.
-Si, son hermosas, parecen farolillos coloreando el aire de de diferentes tonos.
Me miró directamente a los ojos.
-No tienes porque mentirme si no las ves, las luciérnagas que me acompañan solo son de un color, son todas verdes, como la esperanza que ya ha perdido la humanidad de encontrar algo mejor en este mundo.
La verdad es que no supe qué contestar en ese momento, el anciano se fue, tal y como había llegado, en una vuelta de mi almohada.
Sin embargo, esas palabras, esos ojos, las luciérnagas invisibles, me dejaron buscando una respuesta entre las sabanas.
¿Cómo es el mundo que me rodea? ¿Cómo quiero verlo?
Los manicomios y psiquiátricos están llenos de ilusos, de soñadores, que pretender ver un mundo mejor a su alrededor en lugar de dejarse caer en el vacío con el que se ha fundido la humanidad, un lugar oscuro en el que cuesta verse la palma de la mano.
¿Por qué la verdad es solo nuestra? ¿Porque tiene que ser el mundo que pensamos el verdadero?
Puede que sólo seamos una panda de locos que se ha hecho con el poder del mundo y ha encerrado a todos los cuerdos en instituciones, para que no extiendan la idea de que puede haber un mundo individual para cada uno de nosotros.
¿O es que es de cuerdos lo que pasa en el mundo?
No puedo creer que una panda de cuerdos sean los que olvidan a los niños que lloran de hambre y abandonan a los necesitados a su suerte.
Unos individuos que prefieren luchar por el dios Dinero antes que mejorar en mundo y honrar la memoria de todos aquellos que dieron sus vidas por un mundo mejor, sin esperar nada a cambio, tan solo un ideal, una canción, un corazón les era suficiente para darlo todo.
Que levante la mano el que se cree más cuerdo, y que nos encierre a todos en una cárcel oscura.
Porque hoy si veo las luciérnagas a mi alrededor, danzando color verde esperanza, si aprieto los ojos de mi cabeza, dejándome volar, y las manos en el corazón.
Sin duda somos demasiados para tener una misma visión del mundo, por ello preferimos vivir en una farsa e intentar ver el mundo como nos dicta la mayoría, pastar donde nos dice el pastor y después comprar la carne de nuestros compañeros en el mercado que tenemos asignado.
Prefiero estar loca antes que seguir viviendo en esta gran mentira.