Se ha prostituido tanto lo especial
queda ya tan poco del auténtico
auténtico sentido del único
aprendimos tan rápido a despreciar.
Cuando suenan las campanadas,
tememos no acabar con las uvas.
qué pena que no sean sandías
para celebrar el año varias semanas.
Y cuando un descorche de champán
marca el final eterno del comienzo,
el comienzo del apoteósico desenlace,
el reloj comienza desde cero, sin más.