Una tormenta eléctrica, eso se produce cuando consigo sentir tu tacto bajo mis dedos nerviosos, tiemblan mis manos mientras intento darte todo lo que te mereces, puesto que no soy una experta en este arte.
No, realmente no sé nada sobre este arte.
Tímida aparece mi sonrisa, cuando, poco a poco comienzan a moverse mis manos, a veces a un ritmo delirante, otras suaves como la seda, lentas en una balada sin final, o firmes y decididas en un momento de furia transparente.
Y es que eres tú, y sólo tú, el que consigue hacer de actos mis sentimientos, dándome todo el tiempo del mundo, todo el amplio espectro de formas y razones, para dar rienda suelta a mi alma y desnudarme el corazón.
Y llega el momento de bajar el telón, de separar las manos con todo el esfuerzo que me permiten mis inútiles y mundanos huesos, para dejar acabada la melodía y volver al mundo al que pertenecen mis zapatos.
Dejar atrás el tacto frío de tus teclas y la electricidad que mana del vibrar de tus cuerdas.
¿Es raro tener tan personificado a un piano?
No hay comentarios:
Publicar un comentario