domingo, 4 de noviembre de 2012
Bate tus alas
Cariño, ante todo eres hermosa, la más hermosa de las criaturas que pueblan este desdentado planeta lleno de arrugas de sufrimiento.
Eres una sonrisa en una fría mañana de invierno, cálida como esos rayos de sol que se perdieron en el camino, una brisa de aire fresco en esas tardes de verano, el calor asfixiante queda escondido tras tu reluciente mirada, esos ojos que brillan iluminando un poco la oscuridad que te rodea.
Porque eres hermosa, pequeña libélula, aunque permanezcas aún en tu crisálida, asustada de desplegar tus alas y mostrarte al mundo, vales mucho, y muchísimo más que muchos que piensan que sus huellas son de oro y sus palabras de plata líquida.
No te atrevas a girar la vista, cuando ves tu reflejo en las aguas cristalinas de este río que recorres, porque lo que ves, es lo mejor que podrías encontrar.
Y llegará, por supuesto que llegará, ese fiel compañero que te desnude en alma en cada atardecer, que te preste sus alas para que puedas volar más alto, que te arrope cada mañana fría y cada noche oscura en la que pierdas tu brillante luna.
Y con él recorreras el río, para llegar sonriente y reluciente al mar que nos espera a todos, sobrevolando tranquila la orilla, para acabar pereciendo en una ola con espuma de plata.
Por eso despierta, sal de tu crisálida y sacude los restos de vida antigua, muerta sobre tus hombros, para comenzar a crecer con una nueva piel brillante, reflejando los rayos de sol que acarician tus sentidos al viajar.
Porque cariño, ante todo eres hermosa, la más hermosa de todas.
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