La cabeza alta, bien alta, que toquen el cielo los rebeldes pelos de su flequillo.
Mientras mandan a todo lo que hay a su alrededor a tomar viento fresco, hablando mal y rápido, a tomar por culo.
Se ha cansado de esperar de todo y de todos, y de seguir siendo una pobre soñadora a lomos de un burro cojo y desnutrido.
Pues bien, ha dejado en el camino a su fiel compañero, le ha llegado la hora de morir, ha puesto los pies sobre el suelo para notar lo áspero del camino.
Ha girado la vista atrás, gran error, pues ha visto que jamás importó en aquellas decisiones en las que si importaron. Ha vuelto la vista de nuevo, para encontrarse con el camino que le queda por recorrer, oscuro y lleno de espinos.
Pueden llamarla loca, pero le ha encantado esa visión, porque ahora no siente miedo, ahora le gusta pensar que sólo ella puede cambiar este paisaje desolado, no va a esperar a que plantéis semillas en los campos yermos, o a que las reguéis con paciencia, de eso nada.
Va a llenar de flores el camino y a sacar el sol a martillazos si es necesario.
Será feliz, por y para ella.
Porque todos los demás solo son entes secundarios, o eso le ha enseñado la marchita experiencia.
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