Apesadumbrados los ojos que osen
mirar los ojos tristes que llaman
a la compasión mal guardada
que en cuerpo y alma habita.
Sonrisas perdidas entre el papeleo,
la burocracia sentimental en pleno auge.
Y solo buscan los ojos tristes el consuelo
de un alma que con un abrazo desarme.
Mirar, sentir, tocar...
y dejar de vivir entre los libros.
Dejar de usurpar vidas ajenas,
pasiones que nunca conoceremos
y sonrisas que jamás nos quedan.
Sonreir a esos ojos tristes,
besar los labios sollozantes
y abrazar el alma rota de dolor.
Sin más trámite que un suspiro
y sin ningún redoble de tambor.
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