jueves, 11 de septiembre de 2014

Romancero insomne (parte II)

Con el sentimiento enmudecido
por la cruda realidad.
En el triste del mañana,
se arremolina mi pesar.

Que de tanto correr cuesta arriba,
que de tanto mi río encauzar.
He olvidado lo que se siente
al flotar suave hacia el mar.

Y la niebla ahora me aclara,
que en los pliegues de mi cama,
no queda otra canción
que los versos sin cantar.

Arremolinada serena,
queda esta triste pena.
Sola para andar descalza
sobre la dulce arena.

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