He levantado la piel para verme los huesos
me he deshojado como una triste flor
todo para ver si encuentro ese rayo
el rayo que no cesa y me enseña el calor.
He encontrado músculos tensos
sobre huesos ya astillados
tendones al borde del colapso
y meniscos ahora desgastados.
Tensas las sonrisas decorosas
astilladas las palabras de consuelo,
el colapso de los días ya vividos
desgasta ahora el efímero deseo.
Y danza el alma entre el desconsuelo
de ver la destrucción que crea a su paso.
Sonríe el duende de ojos verdes,
llora la libélula en su descanso.
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