domingo, 6 de julio de 2014

Del pasado incierto

Tanto tiempo encerrada en una crisálida de caos, cómoda, caliente, sabiendo que hay fallos, que no soy quien quiero ser, pero cómoda, puesto que en mi caos se escondía un orden que sólo yo conseguía descifrar.

Esa sensación de continuo vértigo cuando el caos cambiaba, todo dentro de un inamovible límite de pareces opacas que no me dejaban ver más allá.

Se rompió la crisálida, despresurización de la cabina, y el caos se escapa por las rendijas mientras veo una luz sobre mi cabeza, sólo un par de metros que escalar para salir... y volar.

Pero no puedo, no quiero, ne agarro a las cenizas de mi caos y me lamo las heridas de las que quieren surgir mis alas para contenerlas dentro de mi cuerpo.

La luz me ciega, pero yo soy más fuerte, y poco a poco arreglo mi crisálida con ingentes cantidades de contradicciones y falsas soluciones.

Porque siempre he sido caos, a la espera de un nuevo orden.

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