y un ramillete de tomillo.
En el corazón desvalido,
que necesita tu continuo roce.
Al campo me voy, al campo
a ver la cuidad desde la lejanía,
para asombrarme en demasía
de la estupidez del ser humano.
Bah, no tiene importancia alguna
si ya no quedan árboles que cortar,
si no queda petróleo que quemar
o si desaparecieron las blancas lunas.
Se acabaron las revoluciones señores,
no tiene sentido luchar para nada
mejor ir con la cabeza agachada,
tornando en gris todos los colores.
Y levanté la vista, todo es amarillo.
Puta contaminación lumínica,
no recuerdan ya las noches idílicas
las abejas en el romerillo.
Creo que vivirían mejor en un invernadero.
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