Hay cosas que no deben intentar explicarse, como por ejemplo lo que te evocan los sonidos de los dioses, que es para mí la melodía que suena mientras... mientras pienso en el todo y en la nada. Para que buscar versos en un acorde, no voy a encontrar palabras entre los trinos.
Sólo puede dar como resultado una lágrima, una tímida gota de agua salada, que se escapa de mis ojos y danza sobre mis mejillas.
Y golpearme contra el silencio de la realidad una vez realizada la última cadencia, quedando mi compañera dramáticamente sorprendida.
Pero no pasa nada, querida compañera de secretos y silencios, podemos adentrarnos en esa ola todo lo que dure la noche, y soñar las dos juntas, con el qué se yo.
Con el qué será, porque nada hace falta, mas que este ahogo en cada disonancia, y esta calma, la paz que encuentro, que encontramos, en los perfectos que las resuelven.
Y puedo volver a escuchar esta canción, esta obra maestra, y todas las que me alcance el tiempo, en silencio, todo el soñar esta permitido.
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