Hoy, abro los ojos, a un lado, sábanas, al otro, tu ausencia.
Sé que no acostumbro, pero hoy necesito decirte un par de cosas, espero que te agraden, si no te gustan, siento que tengas que enterarte de esta forma tan pública.
No necesitas nombre, para mí no, un nombre es algo que nos caracteriza, sirve para que seamos identificados entre tanta gente, nos enumera. Tú, no necesitas identificación alguna.
Único en tu juego, sabes hacer del final de un día horrible una noche de ensueño, sin si quiera tocarte o verte, eres pura magia, unas palabritas, y ya puede haberseme caído una montaña encima, que me sacudo el polvo y me pongo a subirla con las manos atadas a la espalda.
Sé que no soy capaz de todo, conozco bien mis limitaciones, pero es cierto que a tu lado, todo parece posible, todo es más sencillo cuando cuento con tus directrices, o simplemente con la nube de tu recuerdo.
Por ello, a estas altas horas, después de todo un día arrollador, no me queda otra que rascarme los ojos, e intentar decir nada, pulsando las teclas de mi ordenador, intentando darle coherencia a una sucesión de conceptos inconexos que se arremolinan sobre mis neuronas cansadas.
Esperando tu llamada y tus ganas de vivir, esa sonrisa invisible que pueden sentir hasta los poros de mi piel.
Y quizá, algún día, poder despertar con las sábanas a un lado, y al otro lado un buenos días de tus labios.
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