domingo, 11 de mayo de 2014

Que entre la luz.

Desde mi ventana he visto
el cabilar sin son de las hojas,
el nacer de flores temblorosas,
y el madurar del fruto rojizo.

Desde mi ventana, una abeja
toma el néctar de mis sentidos
y lo lleva lejos de este olvido,
dónde las olas vienen y se alejan.

Anochece y amancere para mi,
como si el rocío de la hierba,
que siempre estuvo en mis piernas,
llevase escrito el destino que sentí.

Desde mi ventana puedo ver ahora
todo lo que no ví.

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