El ser humano es débil por naturaleza, aunque queráis haceros los duros, somos entes sensibles, tanto física como emocionalmente, precisamos de abrigos para mantenernos calientes, de casa para sentirnos seguros y ubicados, ansiamos un abrazo de un ser amado, y necesitamos besos que nos hagan saber que somos especiales.
Lloramos, por diversas causas, el dolor de la muerte de un ser querido nos hace rompernos por dentro, y un desengaño puede hacer desatar toda la furia que hay en nuestro pecho.
Pero aún así intentamos ser fuertes, revelarnos ante la naturaleza de nuestra existencia.
Ser fríos, ¿fríos para que? ¿Para que se congele en la soledad el alma marchita? ¿Para que cesen los latidos del corazón galopante de emociones? ¿Para matar el calor que emana de nuestros pechos con una sola mirada?
Cuando el alma precisa de algo que le de fuerzas para desperezarse cada mañana, un compañero que la despierte entre dulces caricias, para montar a ese corazón, un potro desvocado que sólo quiere correr libre buscando el calor que se encuentra en cada gesto, en cada mirada.
¿Fuertes para qué? ¿Para protegernos de los horrible del mundo? ¿Para no sufrir frente a un desengaño ni partirnos de dolor al expirar alguien a quien amamos?
Cuando el mundo se presenta ante nosotros, inhóspito como una noche de verano, sediento de nuestro calor y de nuestro caminar, con sonrisas que regalar y sufrimiento que repartir entre todos, porque amanece, el sol nos baña con su luz y nos infunde seguridad, pero también encontramos noches sin luna, en los que la oscuridad parece llevarse todo rastro de esa luz que nos da fuerzas para despertar.
Mi más sentido pésame para aquellos seres fríos y fuertes como el acero, muertos en vida que sólo tienen por objetivo...¿cuáles son vuestros objetivos?
El calor, las lágrimas, la luz, la oscuridad, las sonrisas, la ira...creo que no puede haber algo más hermoso que todas aquellas emociones que surgen del alma.
Sólo espero no dejar de sentir.
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