Consciente, sé que todo esto es mentira, que la realidad que me rodea es sólo una representación, sombras proyectadas sobre la pared de una oscura caverna.
No está permitido mirar atrás, dónde se encuentran los titiriteros responsables del teatro, escondiendo entre bastidores los materiales y la esencia de sus obras de arte.
Y, sin embargo, y a sabiendas de que todo es falso, no puedo evitar ansiar el despertar de cada mañana, que significan para mí la subida del telón.
Los rayos del sol somnoliento que me acarician dándome esperanzas de que hoy, por fin, la función acabará como yo he pensado.
Para ver por fin a los titiriteros, no como sombras de sus creaciones, ver esas almas desnudas a la luz del sol que todo lo muestra, sinceros, ver quebradas sus marionetas y sus artimañas.
Y con el corazón entre los dedos, ascender por el camino escarpado que tanto ansían mis pies acomodados.
Y llegar, hacia ninguna parte, loca por andar descalza.
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