Escucho llover tras los cristales de las ventanas, escucho los gritos de los niños, felices bajo la lluvia, y también las riñas de las madres que no quieren que estos enfermen.
Respiro el aliento del agua al caer, el ultimo suspiro de cada gota de lluvia es para mi una melodia, un conjunto de expiraciones constantes, hermosas, porque son sinónimo de vida. Y enloquezco, enloquezco al pensar que ya no soy una niña, que no me atrevo a danzar bajo la lluvia porque se que después de ese jubilo, de esa adrenalina, de sentir cada gota de agua recorriendo mi rostro, después de sentirme viva, llegara el resfriado.
Y es cuando realmente me doy cuenta, de que en la naturaleza la lluvia es un regalo para todos, para las plantas y los animales, a ellos no les importa tanto mojarse, claro es que no tienen esos peinados que tenemos nosotros, si, me refiero a ese montón de mujeres con bolsas en la cabeza, lo entiendo, no lo critico, se han gastado su tiempo y su dinero para ello, y es que sin duda, el ser humano es el ser vivo mas artificial de todos, quizás es porque nos hemos creado una coraza alrededor de nosotros, nos sentimos débiles frente a la naturaleza, realmente, somos unos seres débibles desde el punto de vista físico, necesitamos una temperatura media para poder vivir, además de capas adicionales a nuestra piel, bien sea para sentirnos calientes o para sentirnos seguros.
Y es que sin duda, hoy que la noche huele a vida, y la luna suena a muerte, es el momento de pensar en todo y en nada, de escribir un desahogo sin sentido descargando el alma de todo lo que se necesita expulsar, aunque sea en forma de absurdas reflexiones.
Hoy, una noche en la que me siento un cangrejo ermitaño extravagante, que no deja su concha ni aunque se le quede pequeña, un animal de costumbres encerrado en una concha en la que ya no puede casi ni respirar.
Sin duda es una noche de lluvia completamente perfecta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario