jueves, 29 de julio de 2010

Buenas noches

Buenas noches, me dispongo a escupir, si no todo, gran parte del veneno que ahora mismo corre por mis venas y corroe mi corazón, para erosionar completamente mi humanidad.
Aviso a todo aquel que no quiera atender a un texto subjetivo y plagado de pensamientos propios de una existencia, deje de leer en este mismo momento.
Mi ecosistema es un completo caos, un cambio perpetuo en el cual la estabilidad es una quimera de la cual se ha oído hablar en la voz de extranjeros, que vienen a quedarse y plantar árboles frutales, a arrancar todo lo que puedan, o simplemente a dar un paseo admirando u odiando el paisaje.
Tengo una gran variedad de aves, no faltan los buitres carroñeros que hacen que a mi alma le falten los cantos, ni los cuervos que plagan todo de una oscuridad infinita en la cual no soy capaz de ver ni mis propios pensamientos.
Como tampoco puedo quejarme de no tener jilgueros y pájaros cantores, que acompañan cada amanecer con cánticos de esperanza y superación, para reavivar las ascuas que aun arden en medio de las cenizas, haciendo resurgir el ave fénix que aguarda en mi interior cada rayo de sol.

Así, tampoco puedo decir que me falten satélites, tengo un montón de lunas a las cuales admirar por la noche, y varios soles que son mi ejemplo para brillar cada mañana, lo mas doloroso, es sin duda, cuando una de esas lunas me da la espalda de mala manera, dejándome desamparada en la oscuridad de la noche. O uno de esos soles que con tanta sabiduría me guia en mis mañanas me lanza una roca de fuego que me abrasa las entrañas hasta hacerme llorar de dolor para mostrarme el mundo distorsionado por las lágrimas, un mundo gris, dudoso, un mundo sin delimitaciones, en el cual, todo se funde y se confunde.

Aunque, sin duda alguna, la situación mas dolorosa que puedo vivir en este Edén, es que alguno de esos soles decida que esta de mas mi compañía, el desprecio de sus rayos, la privación de su calor, todo ello hace que salga a buscarlo, fuera de todo ese equilibrio, donde todo es frío, todo es oscuridad, en busca de ese sol que esta desapareciendo de mi vida y que siempre me ha acompañado, de ese calor tan familiar y cercano, llevando por compañía tan solo canciones que se compadecen de mi alma, sonidos menores, escalas atonales, en las cuales el único atisbo que hay de tonalidad son semicadencias, acordes dominantes o séptimas que hacen que aumente mi crispación, que mis manos comiencen a encresparse, mis dedos se curvan y comienzo a ver unas garras de monstruo en mis manos.

Porque a fin de cuentas, quizá, en la ceguera producida por todos los frutos regalados de la tierra cultivada, por todas las madrugadas en las que el ave fénix me ha regalado su embriagadora melodía, por todas las puestas de sol, y por las caricias de un rayo de luna, he sido yo misma la que he bloqueado el curso continuo del tiempo, he sido yo la que ha producido que las estaciones se reduzcan al mas gélido invierno o el mas caluroso verano, la que ha dejado avanzar el abismo que me rodeaba en busca de los soles que yo misma perdí, quizá
ahora y cada vez mas

sea un monstruo.

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